Escribe: Jhon Smith

Mientras el Perú se desangra entre extorsiones, sicarios y mafias que tienen aterrorizada a la población, la mayoría de políticos hablan bonito, prometen diálogo y terminan negociando con la delincuencia. Pero ayer en Sullana, Keiko Fujimori demostró que ella no es más de lo mismo. Con coraje, con garra y con la firmeza que caracteriza a los verdaderos líderes, declaró abiertamente «Yo le declaro la guerra a los extorsionadores, a los sicarios y a estos criminales».

Es un grito de batalla necesario en un país donde la gente ya no puede ni trabajar, ni caminar por las calles, ni dormir tranquila. En Sullana, como en tantas otras ciudades del norte y del país entero, los negocios cierran por miedo, las familias huyen y los sicarios matan a plena luz del día. ¿Y qué han hecho los gobiernos de izquierda y los tibios de siempre? Nada. O peor debilitar a la Policía, soltar delincuentes y llenarnos de leyes que protegen más al criminal que a la víctima.

Keiko tiene razón y lo demuestra con hechos. Promete control total en fronteras para frenar el ingreso de armas, drogas y criminales extranjeros. Exige control absoluto en las cárceles, donde hoy los narcos dirigen sus imperios desde adentro como si fueran hoteles cinco estrellas. Y lo más importante: liderará personalmente a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas para cazar a estos enemigos del pueblo.

¿Por qué Keiko es la única opción real?

Porque mientras otros candidatos proponen más «diálogo social» con los delincuentes y se preocupan mas por sus derechos humanos de estas lacras miserables, Keiko entiende la realidad cruda contra el terrorismo urbano y el crimen organizado no se dialoga, se combate. Punto.

El fujimorismo siempre ha sido sinónimo de orden, mano dura y defensa del ciudadano honrado. Su padre sacó al Perú del abismo terrorista en los 90. Ahora Keiko está lista para sacarnos del abismo de la inseguridad que nos ha impuesto la mediocridad progresista de los últimos años.

Los que la atacan con odio visceral saben perfectamente que, si Keiko llega al poder, se les acabó el festín. Se les acabó la impunidad. Se les acabó el Perú débil y entregado a las mafias. Por eso la persiguen, la difaman y la temen. Porque ella representa la fuerza que puede devolverle la tranquilidad a millones de peruanos hartos de vivir con miedo.

¡SULLANA LO GRITÓ CLARO! El norte lo sabe. El pueblo trabajador lo sabe. Keiko no viene a pedir perdón por ser dura contra el crimen. Viene a gobernar con puño de hierro contra los malhechores y mano extendida para la gente de bien.

Es hora de elegir ¿seguimos con la debilidad que nos está matando o declaramos, junto a Keiko, guerra total a la delincuencia?

¡KEIKO PRESIDENTA!

¡PERÚ PRIMERO!

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