Escribe: Jhon Smith

El circo político peruano nunca deja de sorprendernos. En pleno debate presidencial rumbo a las Elecciones 2026, los principales asesores de Roberto Sánchez Pedro Francke y Manuel Rodríguez Cuadros decidieron dejar el famoso sombrero chotano de Pedro Castillo tirado en el suelo como si fuera un trapo viejo. Mientras Sánchez intentaba vender su discurso, el símbolo más potente de su conexión con el castillismo yacía humillado en el piso. Ni siquiera tuvieron la dignidad de recogerlo.

Esto no es un simple descuido. Es un mensaje clarísimo Juntos por el Perú ya no quiere cargar con el muerto de Pedro Castillo.

LA HIPOCRESÍA EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

Durante meses, Roberto Sánchez ha paseado el sombrero de Castillo como trofeo. Lo recibió supuestamente de manos del propio expresidente preso, lo usó en mítines, lo exhibió como prueba de que representa la «continuidad del proyecto popular». Pero en el momento clave, cuando las cámaras nacionales estaban enfocadas, el sombrero terminó en el suelo.

¿Saben qué significa esto? Que incluso ellos, los mismos que defendieron el gobierno de Castillo hasta el último día, saben que cargar con ese legado es tóxico. Saben que el pueblo peruano asocia ese sombrero con caos, corrupción, intentos de autogolpe, vacancia moral y destrucción institucional. Y por eso lo dejaron tirado. Literal y simbólicamente.

¡COBARDES! Si tanto creen en el proyecto castillista, ¿por qué no levantaron el sombrero con orgullo? ¿Por qué no lo pusieron en la mesa como trofeo de guerra? Porque en el fondo saben que defender a Castillo hoy es defender lo indefendible.

EL VERDADERO ROSTRO DE LA IZQUIERDA PERUANA

Este episodio desnuda la podredumbre de cierta izquierda que nunca ha tenido convicciones, solo conveniencias. Cuando les conviene, abrazan a Castillo como mártir del pueblo. Cuando las encuestas aprietan, lo tiran al suelo y hacen como que nunca existió.

Pedro Francke, el eterno defensor de políticas económicas suicidas, y Manuel Rodríguez Cuadros, otro cuadro histórico del progresismo criollo, demostraron que son capaces de cualquier contorsión con tal de arañar votos. Dejan el sombrero en el piso y luego salen a hablar de «unidad popular». Patético.

¡BASTA DE FARSANTES! El sombrero en el suelo es la mejor metáfora del castillismo actual abandonado, desprestigiado y sin que nadie quiera recogerlo realmente.

Mientras la izquierda caviar y la izquierda radical se pelean por ver quién traiciona más rápido sus supuestos principios, el país sigue hundido en los mismos problemas de siempre: inseguridad, economía estancada, corrupción endémica y falta de rumbo.

Roberto Sánchez y Juntos por el Perú acaban de demostrar que no son alternativa. Son solo otra cara del mismo fracaso. Dejan el sombrero de Castillo en el suelo porque saben que ese símbolo ya no suma, solo resta. Pero tampoco tienen nada propio que ofrecer.

¡QUE SE QUEDE EN EL SUELO! Que se quede ahí ese sombrero. Que quede como testimonio de la traición y la cobardía de quienes alguna vez lo levantaron con orgullo demagógico. Perú necesita líderes con ideas claras, no con disfraces folclóricos que se tiran cuando ya no convienen.

El sombrero está en el piso. Y con él, toda la credibilidad de esta izquierda reciclada.

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