BERNIE NAVARRO Y LA MISIÓN DE LOS OBSERVADORES NORTEAMERICANOS PARA LAS ELECCIONES DE LA SEGUNDA VUELTA EL 7 DE JUNIO..!!!!!

Escribe: Jhon Smith
La presencia estadounidense en las elecciones un respaldo a la democracia
La decisión del embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, de encabezar personalmente la misión de observadores estadounidenses para la segunda vuelta presidencial del 7 de junio no es un detalle protocolario. Es una señal política de primer orden.
En un país donde las instituciones electorales (JNE y ONPE) han enfrentado cuestionamientos serios de amplios sectores de la ciudadanía, la llegada de observadores internacionales, especialmente de la potencia hemisférica, refuerza la necesidad de transparencia y legitimidad. Que el propio embajador lidere la misión envía un mensaje claro Washington está observando con atención cómo se resuelve este proceso.
Perú vive una polarización profunda. De un lado, Keiko Fujimori representa a un sector que se siente sistemáticamente perjudicado por lo que considera una persecución judicial y mediática durante años. Del otro, Roberto Sánchez encarna una izquierda que promete cambios estructurales pero que genera legítimas preocupaciones sobre viabilidad económica y gobernabilidad.
En este contexto, la presencia de observadores no es solo técnica. Es política. Estados Unidos, con su larga experiencia en transiciones democráticas en América Latina, sabe que la credibilidad del resultado es tan importante como el resultado mismo. Un proceso percibido como limpio puede ayudar a cicatrizar heridas. Un proceso percibido como manipulado, por el contrario, podría agravar la crisis de confianza en las instituciones que ya sufre el país.
Sin embargo, también es necesario ser honestos: la democracia peruana no debería necesitar “certificados de calidad” externos para ser creíble. El hecho de que la presencia estadounidense genere alivio en algunos sectores y suspicacia en otros refleja cuán debilitada está la confianza interna. Idealmente, deberían ser los propios peruanos, a través de sus instituciones y sociedad civil, quienes garanticen la limpieza del proceso.
Bernie Navarro ha enfatizado el valor del voto y el privilegio de decidir el futuro del país. Tiene razón. Pero ese privilegio viene acompañado de una responsabilidad: aceptar resultados cuando son adversos y rechazarlos solo con pruebas sólidas, no con narrativas conspirativas. Tanto la derecha como la izquierda peruana tienen deudas pendientes en este aspecto.
Al final, más allá de quién gane el 7 de junio, el verdadero desafío para Perú no será solo elegir a un presidente, sino reconstruir la confianza en las reglas del juego democrático. La misión encabezada por Navarro puede ser un aporte en ese sentido, siempre y cuando se mantenga en su rol de observador neutral y no de actor político.
Perú sí necesita testigos creíbles. Para fortalecer la democracia, no para profundizar las divisiones.







