Escribe: Jhon Smith

Hoy lunes 13 de abril de 2026, mientras muchos peruanos aún procesan los resultados preliminares de las Elecciones Generales, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) demuestra que el compromiso con la democracia vale más que la perfección logística. Habilitar 187 mesas de sufragio en 13 locales escolares de Lima Metropolitana específicamente en San Juan de Miraflores, Lurín y Pachacámac para que 52.261 electores que no pudieron votar ayer puedan ejercer su derecho constitucional no es un simple arreglo técnico. Es un acto de responsabilidad institucional que honra el espíritu de nuestra Carta Magna.

El domingo 12 de abril se vivió una jornada histórica más de 27 millones de peruanos fueron llamados a elegir presidente, vicepresidentes, senadores, diputados y representantes al Parlamento Andino en lo que se anuncia como uno de los procesos electorales más complejos de nuestra historia reciente, con un Congreso bicameral después de décadas. Sin embargo, en algunos distritos del sur de Lima, fallas en la instalación de mesas dejaron sin voz a miles de ciudadanos. En lugar de justificar el error o minimizarlo, la ONPE, con el respaldo del Pleno del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), actuó con rapidez: extendió el proceso, movilizó material electoral con sus propios vehículos y abrió las urnas desde las 7:00 a.m. hasta las 6:00 p.m.

Esta decisión merece reconocimiento. En un país donde la desconfianza hacia las instituciones electorales ha sido recurrente, gestos concretos como este reconstruyen credibilidad. La Misión de Observación Electoral de la OEA no dudó en saludar la medida, recordándonos que la verdadera fortaleza de una democracia radica en su capacidad de corregir y garantizar la inclusión, incluso cuando surgen imprevistos el mismo día de los comicios.

Claro está, este episodio también deja tareas pendientes. ¿Por qué falló la instalación de mesas en distritos tan poblados? ¿Fue insuficiente la planificación, problemas de distribución de material o falta de coordinación con las autoridades locales? La ONPE y el JNE tienen la obligación moral y legal de investigar a fondo estas fallas, publicar un informe transparente y aplicar las sanciones o mejoras necesarias para que no se repitan en futuras elecciones. La ciudadanía peruana, especialmente en Lima Sur, merece explicaciones claras y no excusas.

Sin embargo, más allá de las críticas necesarias, hoy predomina una sensación de alivio democrático. Decenas de miles de peruanos que ayer regresaron frustrados a sus hogares porque no encontraron su mesa, hoy tienen una segunda oportunidad. Ese es el mensaje más poderoso en el Perú, el voto no es un privilegio, es un derecho innegociable. Y las instituciones, aunque imperfectas, están dispuestas a esforzarse para protegerlo.

Mientras los resultados nacionales se van consolidando y el país se prepara para la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Rafael Lopez Aliaga en junio, este pequeño gran esfuerzo de la ONPE nos recuerda que la democracia no se construye solo con grandes discursos, sino con acciones concretas que priorizan al ciudadano. Que este lunes extraordinario sirva de ejemplo cuando hay voluntad, la democracia siempre encuentra la forma de seguir adelante.

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