Escribe: Jhon Smith

El Perú se cae a pedazos. Más de 500 homicidios en solo tres meses de 2026. El 71% con armas de fuego. Bandas criminales que controlan La Libertad y Lima como si fueran sus feudos. Extorsión, sicariato y terror diario en las calles. Y en medio de esta carnicería aparece Ricardo Belmont Cassinelli, candidato presidencial del partido Obras, y nos suelta la perla del año “La inseguridad no es con balazos Amor con amor se paga”. Frase con cierta similitud de la Presidenta de Mexico «ABRAZOS Y NO BALAZOS».

¿En serio? ¿Este señor quiere que le demos amor a los que nos matan, extorsionan? ¿Quiere cambiar el espíritu de la gente con educación y deporte mientras las madres lloran a sus hijos baleados? ¡Es una broma de mal gusto! Es una declaración de rendición total ante el crimen organizado.

Belmont no propone reforzar a la Policía, ni inteligencia, ni mano dura, ni cárceles de máxima seguridad. No. Propone un “pensamiento holístico”, como si estuviéramos en un retiro de yoga y no en un país donde el crimen avanza como metástasis. Según él, la culpa es de la prensa y de la sociedad que “contagia pesimismo” y “induce a la maldad”. O sea, los delincuentes no son responsables somos nosotros, los ciudadanos hartos de vivir con miedo, los culpables por no ser suficientemente amorosos.

¡Qué descaro! Este mismo candidato ha cambiado de partido más veces que de camisa y ahora viene con discursos new age mientras el pueblo pide mano dura y radical para los sicarios. ¿Cambiar el espíritu de los delincuentes? Los únicos espíritus que hay que cambiar son los de los que todavía creen que con abrazos se detiene una bala. Los criminales no quieren amor, quieren poder, dinero y territorio. Y Belmont se los está entregando en bandeja de plata con su retórica barata.

Mientras las familias de las víctimas entierran a sus muertos, este señor habla de “cultura deportiva” y de que “en mi época nadie insultaba en televisión”. ¿En qué época vive? ¿En los años 80? La realidad de 2026 es otra el Estado ha perdido autoridad y el crimen organizado lo está reemplazando. Decir que hay que combatir eso con amor no es ingenuidad. Es irresponsabilidad criminal. Es traición a todos peruanos honrados que todos los días salen a la calle a trabajar arriesgando la vida.

Ricardo Belmont no es un candidato. Es un peligro público. Su plan no es un plan de gobierno, es un suicidio colectivo. Perú no necesita gurús del amor. Necesita mano de hierro, leyes duras, policías bien armados y jueces sin rostro que no suelten a los delincuentes a las dos semanas.

Si Belmont llega al poder con su discurso de “amor con amor se paga”, prepárense los sicarios van a cobrar con plomo. Y nosotros, los ciudadanos de a pie, seremos los que paguemos con sangre esa utopía tan absurda y idiota.

¡Despierten, compatriotas! No voten por quien quiere abrazar al verdugo mientras el verdugo te apunta con una pistola. Belmont y su “holismo” son la receta perfecta para que Perú se convierta en el paraíso de las mafias y bandas criminales.

¡Basta de amor para los delincuentes! Lo que Perú necesita es justicia, orden y bala para todos los delincuentes. Punto final.

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