Viajera impopular.

Escribe Isaac Bigio
Dina Boluarte y Alejandro Soto, presidente del Congreso, apenas reciben un 10% de aprobación. En el sur, de donde ambos provienen, este porcentaje es menor. El primer ministro Alberto Otárola solo tiene un dígito de aval ciudadano.
De todos los 21 países que participan en la cumbre anual de la Asociación de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), ningún otro tienen un Ejecutivo y un Legislativo tan impopulares. El presidente mexicano López Obrador ha dicho que él no quiere salir en ninguna foto con Dina, deseo compartido por su homólogo colombiano Gustavo Petro.
Ir a este encuentro no va a producir como arte de magia un despegue de Boluarte. A pesar de que en noviembre 2024 Lima será la sede de la cumbre APEC, nadie en EEUU le volverá a dar mayor relevancia a Dina. Lo central allí es el encuentro entre los presidentes de las 2 mayores superpotencias, Joe Biden (EEUU) y Xi Jinping (China) y las discusiones sobre las guerras de Ucrania y Gaza.
No es seguro que Boluarte siga como presidenta 12 meses más, pues el actual 84% de rechazo va a ir aumentando. Hasta sus socios de derecha la cuestionan a la «presidenta turista» de agravar la crisis económica, social y delincuencial. Si Pedro Castillo era inicialmente quien debió haber liderado la cumbre en Lima 2024, pero fue depuesto, lo mismo puede pasar con su sucesora.
Grandes demostraciones se van dando en San Francisco contra la cumbre, donde hay muchas demandas por un alto al fuego en Palestina. Nuevamente, va a haber un gran contingente gritando «Dina asesina», a quien se le ha provocado con las declaraciones del embajador peruano en la OEA quien calificó a sus compatriotas que protestaban contra él en Washington, de ser los verdaderos asesinos de los manifestantes del interior del Perú.
Tal aseveración golpea al propio Gobierno, pues es imposible que peruanos del exterior hayan estado físicamente presentes en esos hechos. También no es creíble las acusaciones que diera Dina de que el asesino fuera Castillo, estando semi-incomunicado en Barbadillo. Ella antes puso en riesgo las históricas buenas relaciones con Bolivia al calumniar a dicho país de haber mandado armas y «ponchos rojos» a las marchas.
